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martes, 4 de septiembre de 2018

ATARDECER EN EL ADRIÁTICO


Hay líneas oblicuas enderedor mía que confunden el horizonte, iluminado por una telaraña naranja muy fina con sabor a salitre. Reminescencia tal vez de la noche de lobos, en la que la luna se tiñó de naranja y Marte se acercó tanto a coquetear con ella que la luna se reflejó en él...

domingo, 19 de agosto de 2018

LA NATURALEZA: EL SANTUARIO DE LOS NIÑOS

Intuitivamente, los niños se integran en la Naturaleza hasta tal punto que pareciera que pertenecieran a ella. Es donde más son ellos mismos... Perciben su entorno con mayor sensibilidad que en cualquier otro lugar. Lejos del ruido de la ciudad, los niños comparten sus juegos, escuchan el canto de los pájaros y son acariciados por la luz intermitente que se cuela entre las ramas de los árboles. La Naturaleza es su santuario particular.


 




*Durante el resto del verano, la exposición La Naturaleza: El Santuario de los Niños estará expuesta en Meridiana, Sotogrande. Estas imágenes fueron captadas durante instantes llenos de luz y armonía. Con ellas la pintora Eva Gordon y yo, queremos mostrar nuestro amor por los niños y nuestra forma de captar su espontaneidad y esencia.  
*Las fotografías forman parte de una tirada de diez y los dibujos son piezas únicas.

SE HACEN REPORTAJES Y DIBUJOS PERSONALIZADOS



lunes, 4 de junio de 2018

EL ESCRITOR SOEZ


Lo llaman soez. Para mí era sobretodo un tipo honesto, ocurrente, libre, observador, astuto y un grandísimo escritor. Bukowski era muy verdad. Aunque a veces pareciera burlarse de muchos, su crítica era siempre constructiva. No tenía pelos en la lengua. Decía la verdad sin tapujos, sin adornos, sin limarla ni pulirla. Su intención no era otra que exponérnosla y éso casi siempre implicaba un jarro de agua fría o más... Se le acusa de ridiculizar a la sociedad y al sistema. Yo diría que hablaba con sarcasmo e ironía de lo ridículo de éllos, siempre con sentido del humor y maestría. Quería enseñarnos lo que él ya había aprendido, las pautas para ser nosotros mismos. y, como él, ser libres.









lunes, 23 de abril de 2018

UN DESCONOCIDO SUREÑO

 
                                 E.O. Hoppe


En un viejo tren camino a la costa, absorta en mis pensamientos, me interrumpe un señor de apariencia frágil y voz afable. Se acerca a mí de una manera dócil y cortés. Con una elegancia difícil de encontrar es un desconocido sureño, clava sus ojos verdes en los míos, buscándome con una sonrisa tímida, cautivando mi espíritu y llenándolo de ternura.

Se trata de un hombre de la edad de mi padre, un señor menudo de pelo castaño y corte desenfadado, un hombre que entra en mi vida sin yo pedírselo... Lo conocí hace apenas dos horas y ya lo echo de menos.

jueves, 22 de marzo de 2018

SAINT HONORÉ


A veces pienso que entraste en mi vida a hurtadillas, casi sin darte cuenta... que lo hiciste a conciencia, intencionadamente, para así dejar una profunda herida a la hora de tu partida. Después de muchos años, nos volvemos a encontrar en una bocacalle de Saint Honoré. Tu look es el de cualquier niñatillo rebelde de barrio. Te representa tan poco. Conservas la misma timidez en tus ojos, tu sonrisa triste de niño pobre, tu dulzura. Me llevas al restaurante con más alma de París. Y en aquel escenario perfecto, vuelves a embelesarme y seducirme como cuando era niña. No tardo en ver tu moral vacía, tu alma sin escrúpulos, la pérdida de tu personalidad y tu mirada frívola hacia la vida y burlona hacia el amor. Qué torpeza la nuestra de no encontrarnos entonces y hacerlo ahora cuando tu corazón está ya nublado, deteriorado y envenedado por la fama. Ahora que el mío está más que nunca arraigado a la honestidad y a la verdad. Me equivoqué contigo.

lunes, 12 de marzo de 2018

EL COCINERO

                                                                                                                                                AUGUST SANDER

Lo encontré fumando un cigarrillo en el merendero del patio de la cocina, bajo un cielo de glicinias, hojas de parra y uvas, apoyado  en una antigua rueda de molino y flanqueado por dos podencos raquíticos a cada lado. Aquel cocinero rollizo formaba parte del hallazgo de los vestigios de la antigua escuela de mi ciudad natal. Aquella escena y aquel espacio conservaban el enternecedor sabor a saudade, a añejo y melancolía de mi niñez. Enseguida, me sonrió y me invitó a entrar.

Había tinajas de barro amontonadas en las esquinas de la cocina, alacenas de tela metálica rota, lebrijos desconchados y un sinfín de jaulas de pajaritos salpicados de naranja y rojo que cantaban alegremente al oir su voz. Deslizó el pestillo chirriante de la despensa, una pequeña habitación con olor a vinagre,  revestida por una vieja tela de cuadritos azules y extendiendo sus manos llenas de luz, me ofreció setas secadas al sol.  Mientras me mostraba su refugio, debatía en voz alta cuando la vida le sonríe a uno y cuando no.  Insistió en que era decisión de uno mismo, que la vida nos sonreía a todos por igual y que cada persona que se cruza con nosotros siempre nos deja algo bueno. Siempre.