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sábado, 20 de abril de 2019

MEMORIAS DE UN SERRANO

Mi abuela tenía un pelo largo, hasta más abajo de la cintura, que se estiraba y recogía en uno de esos moños tirantes de aquella época. Recuerdo, cuando yo era niño, cómo recortaba las bellotas y le hacía un dedal sin apenas luz. Ella era una mujer dulce, entrañable, sin un sólo diente. Lavaba en las piletas del pueblo, cuando ya era muy tarde y no había nadie. Tendría cinco, seis galllinas. Yo era su favorito. Por éso siempre a mí daba los huevos que yo torpemente dejaba caer a escasos pasos de de su casa, en una cuesta muy empinada que estaba siempre cubierta de hielo.